El mapa político del peronismo volvió a sacudirse tras la decisión del gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, de avanzar en la conformación de una bancada propia dentro de la Cámara de Diputados de la Nación, integrada por cuatro legisladores catamarqueños. El movimiento, que marca un quiebre inminente dentro de Unión por la Patria (UxP), reconfigura el equilibrio interno del espacio y profundiza las tensiones que se arrastran desde el cierre de listas.
El impulso de Jalil llega acompañado por un dato electoral contundente: el triunfo de Fuerza Patria en Catamarca con el 45% de los votos, frente al 33% obtenido por La Libertad Avanza. Para el mandatario, ese resultado es una validación directa de su estrategia de negociación y diálogo con distintos sectores políticos nacionales, una postura que incomoda a parte del peronismo tradicional.
La nueva bancada ―que comenzará a funcionar desde diciembre― estará compuesta por Fernando Monguillot, Claudia Palladino, Fernanda Ávila y Sebastián Nóblega, cuatro diputados cuyo mandato asegurará a Jalil un bloque propio con identidad catamarqueña. La jugada se interpreta como un mensaje político hacia adentro y hacia afuera: autonomía, poder territorial y capacidad de incidencia en la discusión del próximo período legislativo.
En paralelo, el gobernador mantiene canales de diálogo abierto con referentes del oficialismo nacional, entre ellos Diego Santilli y Manuel Adorni. En ese marco, Jalil se muestra dispuesto a acompañar iniciativas clave del gobierno, como el Presupuesto 2026 y la modernización laboral, aunque rechaza la reforma penal impulsada desde Nación. Además, plantea avanzar en un proyecto de jornada escolar extendida, lo que evidencia una agenda propia en materia educativa.
La tensión interna crece: las autoridades parlamentarias de UxP, encabezadas por Germán Martínez y la exgobernadora Lucía Corpacci, intentan frenar la ruptura para evitar una sangría legislativa que complique aún más la correlación de fuerzas. Sin embargo, el escenario se vuelve cada vez más irreversible. Si se concreta la salida catamarqueña, Unión por la Patria perdería cuatro diputados y quedaría con 92 bancas, debilitando su peso en la Cámara Baja y reduciendo su capacidad de negociación en un Congreso que ya le resulta adverso.
El movimiento de Jalil marca así uno de los quiebres más significativos del peronismo post-electoral y deja en evidencia que, de cara al próximo ciclo político, las alianzas internas se reconfiguran a toda velocidad.
Fuente: San Fernando Digital


