
Tras un 2025 atravesado de punta a punta por campañas, urnas y discursos partidarios, el calendario político argentino ingresó en una pausa relativa. El año 2026 no tendrá elecciones y, en teoría, ofrecerá un respiro a una sociedad y a una dirigencia exhaustas. Sin embargo, en Catamarca esa calma podría ser apenas transitoria: el debate sobre la fecha de los comicios provinciales de 2027 ya empezó a ganar centralidad y no es un detalle menor.
La provincia tiene por delante una decisión estratégica de alto impacto institucional y político. La Constitución local habilita dos caminos: votar en octubre de 2027 junto con las elecciones nacionales o adelantar la elección a un domingo de marzo. La facultad es exclusiva del Poder Ejecutivo, por lo que la definición final estará en manos del gobernador Raúl Jalil.
La experiencia reciente refuerza la importancia del calendario. El extenso y fragmentado proceso electoral de 2025 dejó una enseñanza clara: desdoblar o unificar elecciones puede alterar drásticamente los resultados. En varias provincias, los oficialismos lograron contener el avance libertario cuando separaron sus comicios de la pulseada nacional, aunque ese fenómeno se revirtió en octubre, cuando La Libertad Avanza se impuso en gran parte del país y fortaleció la figura presidencial de Javier Milei.
Ese antecedente explica por qué la posibilidad de votar en marzo de 2027 comienza a ser analizada con atención en Catamarca. Un adelantamiento implicaría, en los hechos, activar el clima electoral ya en 2026 y abrir un escenario político mucho más anticipado y convulsionado. No se trataría de una elección legislativa más: en juego estarán la Gobernación y la Presidencia de la Nación.
El interrogante central es doble. Por un lado, qué hará Raúl Jalil. El actual mandatario está legalmente habilitado para buscar un tercer mandato consecutivo, una posibilidad que públicamente ha descartado, aunque sin impedimentos formales. De optar por no competir, se abriría de inmediato la disputa sucesoria dentro del peronismo, donde hoy aparece como figura dominante el intendente capitalino Gustavo Saadi, aunque sin definiciones explícitas y con la chance de que surjan competidores internos.
Por otro lado, está la oposición, que llega fragmentada y debilitada. El radicalismo, históricamente un actor central en la política provincial, atraviesa un proceso de declive sostenido. En paralelo, el espacio libertario muestra crecimiento electoral, pero también fuertes tensiones internas que dificultan su consolidación como alternativa clara de poder.
El peronismo, en cambio, enfrenta una elección que podría ser histórica: un triunfo en 2027 le permitiría alcanzar dos décadas consecutivas en el gobierno provincial, igualando la marca del extinto Frente Cívico y Social y cerrando definitivamente una etapa de alternancia que marcó los años noventa y dos mil. No es un dato menor en una provincia donde la fecha de las elecciones siempre fue una herramienta política decisiva, desde la reforma constitucional de 1988 en adelante.
El antecedente del último desdoblamiento, en 2011, todavía pesa en la memoria política local. Aquella convocatoria a elecciones en marzo terminó siendo letal para el entonces oficialismo del Frente Cívico y Social, que perdió el poder y nunca logró recomponerse. Desde entonces, el peronismo gobernante evitó repetir la experiencia y siempre optó por votar junto con la Nación, con resultados ampliamente favorables.
A este cuadro se suma una incógnita adicional: las elecciones primarias. Las PASO no fueron eliminadas, sino suspendidas en el último turno electoral. Su eventual regreso —o una nueva suspensión— podría modificar las reglas internas de selección de candidaturas y reconfigurar alianzas, tanto en el oficialismo como en la oposición.
Por ahora, todo se mueve en el terreno de las especulaciones. Pero no son especulaciones inocuas. La definición del calendario electoral no sólo ordenará la política catamarqueña de los próximos dos años, sino que también condicionará el rumbo institucional de la provincia. Marzo u octubre de 2027 no son simples fechas: son escenarios distintos, con riesgos y oportunidades que el poder deberá sopesar con cuidado. La pregunta, inevitable, queda flotando en el aire: ¿habrá llegado el momento de cambiar la lógica electoral en Catamarca?
Fuente: San Fernando Digital

