Catamarca atraviesa horas de conmoción tras conocerse el fallecimiento de Sara “Coca” Luján de Molina, una de las figuras más representativas de la lucha por los derechos humanos en la provincia. Tenía 100 años y su partida se produjo en la antesala de un nuevo aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, una fecha atravesada por el dolor y la historia que marcaron su vida para siempre.
Radicada desde hace años en Santa Rosa, Valle Viejo, Coca Luján se había convertido en una presencia indispensable en cada acto, encuentro o convocatoria vinculada a la memoria colectiva. Su historia personal estuvo atravesada por el terrorismo de Estado: fue presa política durante la última dictadura militar y además cargó durante décadas con la ausencia de su hijo, Raúl Mateo Molina Luján, secuestrado y desaparecido durante aquellos años oscuros del país.
Nacida en Córdoba, fue allí donde comenzó gran parte de su camino de militancia y compromiso. Con el tiempo, su nombre quedó ligado a la defensa incansable de los derechos humanos, tanto en espacios de acompañamiento a familiares de desaparecidos como en actividades públicas de memoria, denuncia y reflexión. Ya instalada en Catamarca, mantuvo intacta esa convicción y siguió siendo una referencia para nuevas generaciones.
Su fallecimiento generó numerosas expresiones de dolor en distintos ámbitos políticos, sociales e institucionales. Desde organismos de derechos humanos hasta dirigentes provinciales recordaron su firmeza, su compromiso y la huella que deja una mujer que transformó el dolor personal en una lucha colectiva sostenida durante décadas.
La noticia se conoció apenas días después de haber cumplido 100 años, fecha en la que había recibido homenajes y reconocimientos por su trayectoria. En ese marco, distintos sectores destacaron que su vida fue un símbolo de resistencia, memoria y dignidad, en una provincia donde su figura se volvió central cada vez que se habló de verdad y justicia.
Con su muerte, Catamarca pierde a una de sus voces más fuertes en materia de derechos humanos. Pero también queda un legado profundo: el de una mujer que atravesó el horror de la dictadura, convivió con la ausencia y eligió convertir ese dolor en memoria activa, compromiso y presencia.
Fuente: Airevision


